20 julio 2017

Allen Ginsberg: Aullido


“Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas,
arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo,
hipsters con cabellos de ángel ardiendo…”

El poema arranca con uno de esos comienzos que son difíciles de olvidar.
Lo leí hace ya muchos años, lo perdí hace otros tantos muchos y cuando lo volví a ver supe que era una buena excusa para la relectura. Siempre lo recordé como una especie de vómito asqueado por la vida, que toma forma de poesía que lo hace muy interesante. Como un soliloquio, subido a algún taburete de índole moral, Allen Ginsberg habla tan francamente de algunos tabúes que provoca el choque que se esperaba. Había que confrontar en esa época. Y había que confrontar a ésa época también.

Aullido es un largo poema que relata la vida elegida por algunos pocos. De manera cruda, muy franca. Queriendo ser real. O sincero. Es un grito de bronca por su amigo y escritor Carl Salomon, que terminó en un manicomio por motu proprio.
Hay términos que vamos encontrando: sórdidos, sueños, insaciable, frenéticos, que nos van dando una idea de la intensidad que nos propone Ginsberg. Me gusta el aura beat que se siente al leer, esa correlación de conceptos, ideas y vivencias que largan sin filtro. Dando esa sensación de discurso, ideal para leer en voz alta; como dice la leyenda de Ginsberg que lo leyó en un inicio en lecturas públicas. De allí al boca en boca; y cuando Lawrence Ferlinghetti lo quiso publicar, a través de su pequeña editorial, y fue prohibido durante un año estaba todo listo y preparado para ser un suceso. Para pasar a la historia. Esto fue en 1956. Nacía la Beat Generation, y comenzaban a editarse otras obras que iban a avalar esa nueva manera de escribir (y de vivir): En el camino de Jack Kerouac y Almuerzo desnudo de William Burroughs se publican y a partir de allí, la rueda no para de rodar.  

Es cierto que los fans que escriben en los medios (lo que sea que hoy se piense como medios) ayudan mucho a alzar a Allen Ginsberg como uno de los altos exponentes de la poesía del siglo XX. Hay otros que pueden decir, desde el punto de vista que permite analizar algunas obras, que es más de museo o -dicho de otra manera- que no supera el paso del tiempo como obra viva. Podemos leer Aullido para situarnos en la década del ’50 y tratar de entender algo de esa época.  Sería injusto tratar de esa manera a este libro. Es un buen libro, ideal para leer en edición bilingüe.
Acompañan al poema central otros versos que muestran variantes interesantes y otras virtudes del autor y algunos poemas de juventud -hay que admitirlo- que son un poco más de relleno, pero no opacan la obra que tenemos entre manos 

Aullido
Allen Ginsberg (1926-1997)
Anagrama