08 enero 2020

Odisea, de Homero. El camino del héroe



Homero marcó el camino de la literatura con sus relatos del Siglo VIII antes de Cristo. La cantidad de recursos que emplea en este libro habla de una capacidad de organizar los capítulos y de una habilidad que sorprende. Antes que este libro, hace unos meses, leí La Ilíada (http://fernandolojo.blogspot.com/2019/06/iliada-de-homero-el-inicio-de-la.html) atrapado por esa gran idea de Pablo Maurette de la lectura compartida a través de Twitter con el hashtag #Homero2019. Sí, hace un mes que lo terminé pero no hubo tiempo para hacerlo antes. Vamos con lo importante, el librazo que tuve entre mis manos, Edición Gredos para más datos.

Arranca ya de una manera inesperada. Porque no es Ulises quien comienza siendo el protagonista, sino su hijo. Desde la ausencia se define el personaje. Es Telémaco el que abre el relato y nos cuenta las penurias de la familia porque el padre no ha vuelto. Nada puede ser peor; como un pueblo invadido, la casa está tomada por supuestos pretendientes que lo único que hacen es aprovecharse, comer y beber todo lo que encuentran en la casa de Ulises. Para colmo, quieren casarse con la esposa del héroe, la hermosa y famosa Penélope. Parte del dolor del hijo es que todos ya creen muerto al padre, inclusive él mismo varias veces lo piensa. Y no es para menos, se fue a la guerra de Troya ¡hace 20 años!
Recién toma la palabra Ulises en el capítulo 5. El hijo sale de Ítaca a buscarlo y el relato nos saca del pueblo. Mientras su hijo, emulando al padre, sale a la mar para descubrir si el héroe está vivo o muerto, nos topamos con su historia. A veces es el relato de Homero y otras el relato de Ulises -que a otros cuenta- su historia fantástica: viaja por el Mediterráneo encontrándose con gigantes, ciclópeos, guerreros, gente hospitalaria y no tanto, diosas malvadas, diosas eróticas, pueblos que son atacados (es interesante que Odiseo se queja de aquellos que no lo reciben de manera hospitalaria, pero también relata sin culpa alguna cuando desembarca, ataca un lugar, mata a los hombres y se lleva al ganado y las mujeres -en ese orden- y se regodea de ello), sirenas que encantan, vacas eternas y prohibidas, un año con una diosa hermosa que todo lo daba y un sinfín de peripecias y aventuras.
Su viaje es tan extenso que llega a ir al Hades mismo, a la tierra de los muertos. Allí conversa con aquellos que no ve desde el asedio a Troya: Agamenón, Ayax, dioses y también personalidades de la historia. Aquí nos damos cuenta que el gran Dante Alighieri, leyó a Homero frase a frase porque las semejanzas son demasiadas. Quitando la culpa judeocristiana, obviamente. Pero aquellos que hicieron el mal en vida, en el más allá la pagan. Inexorablemente, eso no cambia. Y Ulises sufre porque se encuentra con almas intangibles, las quiere abrazar y no puede; y recién ahí nos damos cuenta que el paso del fuego en el cuerpo hace que nada quede. El ritual que une al fuego y a la muerte, que tantos pueblos distintos tienen, aquí justifica el más allá. Teléfono para Dante.

En la mitad del libro, Homero llega a su tierra. Se acabaron las aventuras fantásticas y vivimos ahora problemas muchos más terrenales. Su esposa hecha una piltrafa, llorando por todos los rincones; su casa repleta de enemigos, su propio territorio que ya no es suyo. Porque hay antecedentes: Agamenón volvió a su casa después de 10 años de guerra, y su esposa y el amante lo mataron. ¡No se pueden relajar ni un rato estos argivos!
Penélope teje y desteje mientras puede, pero cuando el ardid es descubierto los pretendientes quieren que elija a uno. Y ella implora: “que no se me fuerce a alegrar los sentidos de un hombre vil”, las definiciones del matrimonio son tristes desde hace cientos de años. Volviendo a nuestra historia, aquí no hay opción de spoilear: tal como todos sabíamos el final de la batalla de Troya, en este libro desde el inicio sabemos que Ulises se enfrenta a todos los pretendientes de Penélope. El tema es saber (y leer) cómo lo hace. Primero, realiza lo que muchos en algún momento buscamos: una señal de un dios (del Olimpo, de la culpa o del colgado de la cruz), y Ulises la recibe. Se abre así una tradición oral y escrita: la del hombre reclamando al dios y la del dios respondiendo. Literatura, mitos, gobiernos, tiranías y religiones: muchísimas cosas se basaron en esta relación hombre/dios.

El final es glorioso y sangriento. Bello y suspicaz es el encuentro de Ulises y su amada, cerebral y violenta la batalla desigual (eran más de 100 contra 4), pero los dioses -una vez más- fueron los que inclinaron la balanza. 
Homero es el inicio. Y una vez que lo lees te das cuenta de las deudas de toda la literatura con este verdadero maestro. Lo oral y lo escrito se entrelazan para marcar un verdadero hito como es este libro.


Odisea
Homero (Siglo VIII a.C.)
Biblioteca Gredos


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